Escuela Indo-portuguesa

Siglo XVII

Cristo Expirante.
Marfil tallado con restos de policromía.
Alt. 52 cms.

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SKUNS-004 Categorias, Etiquetas,

La cabeza de este Crucificado enmarca su óvalo con los cabellos muy retirados de la frente en onditas simétricas que se abren en dos mechones de rizos  quebrados sobre los hombros. De ojos pequeños abiertos, sin marcar el iris y recta nariz. Cubre su boca entreabierta por bigote de guías que unen con barba tupida bajo una perilla muy marcada.

De anatomía muy sumaria su torso troncocónico marca los pectorales y las costillas. Su paño de  pureza se recoge al frente sobre doble soga dejando al descubierto parte del vientre a la derecha y la cadera a la izquierda. Se sujeta a este lado con nudo de factura muy geométrica, con recuerdo de los que aparecen en ejemplares de la escuela cíngalo-portuguesa y cae en  pliegues rectilíneos y paralelos a la izquierda. Se ribetea de orla estrecha de piquillos simplificada, la típica de estos ejemplares.

Los brazos surcados por venas en relieve se elevan sobre la horizontal y sus manos doblan parte de sus dedos sobre los clavos que las sujetan. Sus piernas, de claro carácter colonial, sujetan sus pies con un solo clavo.

Su cruz, es de rica madera oscura con las conteras de plata labrada de la época y el INRI de marfil en forma de cuero recortado, propio asimismo de estos años.

Destaca la calidad del marfil de esta fina escultura.

 Como se ha dicho en relación al ejemplar nº ¿? de este catálogo, el Crucificado era imagen religiosa imprescindible para el culto y aunque los misioneros llevaron los necesarios en un principio, la construcción de iglesias y el aumento de la feligresía hizo necesario la colaboración de artistas nativos a los que se adiestraba en el oficio de la escultura. Gracias a ellos, como destaca el Obispo de Salazar refiriéndose al problema en Filipinas, “Banse proveyendo las iglesias de las Ymagenes que estos hacen de que antes abia mucha falta”. El problema era el mismo en las colonias sometidas por Portugal  y también destacan los documentos sobre la actividad de los artistas nativos en la producción de imágenes religiosas desde los primeros años de la conquista (1).

Su clasificación es clara respecto a su adscripción a la escuela indo-portuguesa por sus  caracteres estilísticos como su esquematismo anatómico, la factura específica del cabello, las facciones de su rostro o el modelo de su paño de pureza. Además, es ejemplar muy parecido al que se conserva en el Museo Nacional de Machado de Castro en Coimbra clasificado como obra indo-portuguesa del siglo XVII – XVIII (2) y del que se diferencia en la hechura de su paño de pureza, algo menos rígida en el que se estudia.

  1. ESTELLA, l984. Cit.,Texto del Obispo Salazar, 1590, I, p. 53, respecto a la escuela hispanofilipina .-VASALLO, 1996.cit. y 2013, cit. cát. 146 y ss.
  2. FERRAO DE TAVARES E TAVORA, 1983,cit.cát-141.- ESTELLA, 2010, cit. cát. 95 y 96.

Ficha realizada por Dña. Margarita Estella.