Escuela Napolitana

S. XVIII

Nacimiento – Belén
Terracota, madera tallada, ojos de pasta vítrea,
estopa, alambre y tejido.
120 x 85 x 65 cm.
20 figuras

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Aunque el primer dato histórico de la representación plástica del Belén se remonta al siglo XIII, este fenómeno, común a todo el mundo cristiano, alcanza su momento de máximo esplendor en el siglo XVIII y en un territorio concreto, el reino de las Dos Sicilias en tiempos de Carlos III de Borbón, monarca especialmente interesado en el desarrollo e investigación de las Artes Decorativas y, en especial, en los “Presepes” o Belenes. Para ello llamó a su lado a algunos de los mejores escultores del momento, como Giuseppe Sammartino, Gori, Celebrano, Nicola Somma y muchos otros. De este modo, el Belén logró desbordar el ámbito de lo religioso para instalarse en la Corte y en los hogares de la nobleza y la alta burguesía, donde adquirió una original personalidad. Todavía hoy, las mejores familias de Nápoles y Sicilia se enorgullecen de mostrar, permanentemente en sus casas, sus belenes, primorosamente guardados durante centurias.

El belén napolitano se distingue de otras manifestaciones similares por su espectacularidad y riqueza escenográfica conseguidas gracias a la actividad de muy diversos artistas y artesanos (arquitectos, escultores, pintores, plateros, ceramistas, sastres…) que, con su imaginación y capacidad, lograron reproducir la vida popular y cotidiana de la ciudad de Nápoles como argumento básico para acompañar el acontecimiento religioso de la Natividad de Jesús.

El mercado, la hostería, los bailes, los vendedores ambulantes, los mendigos, la taberna, los diversos oficios, el pastoreo, el cortejo real y todo aquello que estaba al alcance de lo cotidiano o de la fantasía tenía su lugar en los pesebres napolitanos y se desarrollaba parejo al hecho religioso del Misterio. Éste quedaba integrado, como una escena más, en el bullicio urbano, aunque sus figuras protagonistas, envueltas en una espectacular catarata angélica, sean las que terminen por atraer más la atención del espectador.

Las figuras humanas, protagonistas de las diferentes escenas, están realizadas siguiendo una técnica que mezcla diversos materiales: el cuerpo y el inicio de las extremidades se forman a partir de un flexible armazón de alambre forrado de estopa que permite variar la posición de las figuras. A este núcleo se añaden piernas y brazos tallados en madera. Es, sin embargo, la cabeza, realizada en barro cocido, la que confiere carácter al personaje y necesita de una labor más delicada que suele encomendarse a importantes escultores. Éstos modelan también algunas figuras completas que reciben la denominación de «academias».

La búsqueda de verosimilitud condiciona la minuciosidad con la que son policromadas estas piezas, la incorporación de ojos de cristal y, sobre todo, el cuidado con el que se diseñan y realizan las vestimentas y los accesorios que definen el papel de cada figura en el conjunto. Pastores, gentileshombres, rústicos, cíngaros, turcos, camelleros… se revisten de acuerdo con su condición social, ofreciendo un riquísimo muestrario de trajes populares o cortesanos de la época, adornados con pasamanería, botonaduras, hebillas, puntillas… Las figuras femeninas completan su indumentaria con un gracioso repertorio de joyas en miniatura.

Junto con los distintos personajes, los animales (bueyes, ovejas, cabras, asnos, caballos, elefantes, galgos, camellos, etc.) son protagonistas indispensables de este universo belenístico y su realización lleva emparejado un cuidado proceso basado en la copia directa del natural, muchas veces en manos de artistas especializados.

La puesta en escena final necesita un número importante de accesorios: instrumentos musicales, armamento, cofres y bandejas, frutas y hortalizas, pescados, vísceras de animales, vajilla y cristalería, etc… realizados en barro, cera, plata, ébano, marfil, hueso, cristal. El alto grado de minuciosidad con el que están realizados estos objetos los convierte en pequeñas obras de arte y elementos indispensables para lograr la riqueza y suntuosidad del conjunto.

En el Palacio Real de Madrid se realizo una magnífica exposición del belén de la Fundación March (si bien el montaje no sigue ni la línea ni las características del “Presepe” napolitano) y también otra exposición, en Salamanca, donde un segundo belén napolitano aparece extraordinariamente presentado y montado. En la actualidad muchos museos españolas tienen en sus colecciones importantes belenes napolitanos, como el Museo de Escultura de Valladolid, el Museo de Cerámica de Valencia, Artes Decorativas de Madrid etc.

BIBLIOGRAFIA:

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