José Gallegos y Arnosa

(Jerez de la Frontera, 1859 – Anzio, Roma, 1917)

En la biblioteca
Óleo sobre lienzo
26 x 38 cm.

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José Gallegos y Arnosa llega a Madrid a los dieciséis años, pensionado por D. Guillermo Garvey, donde consigue acceder a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y allí a las enseñanzas de Federico de Madrazo. En 1878 se traslada a Roma donde asiste a las clases de la Academia Chigi y a las del Círculo Internacional de Bellas Artes.

Al año siguiente se traslada a Tánger, incentivado por la corriente de la pintura orientalista y, en particular, por la influencia de José Villegas [1]. Fruto de aquella estancia –y de la completa adaptación de Gallegos a la vida marroquí– es su obra Botín de guerra, con la que consigue una medalla de tercera clase en la Exposición Nacional de 1884 [2]. Instalado en Roma, Gallegos continúa con el orientalismo, enviando obras de este género a las exposiciones de las Galerías Bosch y Hernández, así como a las organizadas por el Círculo de Bellas Artes.

A mediados los ochenta, recorre Italia acompañado de su gran amigo –y coterráneo–, Salvador Sánchez Barbudo. Ambos dedican el viaje a visitar iglesias, catedrales y basílicas, provocando el despertar de una nueva temática en su producción de estos años: el “monaguillismo” y demás variantes del género [3]. Es en esta corriente, donde debemos enmarcar la obra que aquí presentamos.

Estos temas eclesiásticos proporcionaron al pintor un considerable éxito, participando frecuentemente en las exposiciones romanas e internacionales. Precisamente, el mayor hito de su carrera, se produce en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Berlín de 1891, donde es galardonado con la medalla de oro por su obra Boda en la Sacristía de la Catedral de Sevilla [4].

A final de siglo –influenciado, de nuevo, por Villegas–, se dedica a temas de evocación taurina para lo que decide regresar a España. Permanecerá en su ciudad natal hasta 1906, cuando regresa a Italia. Fallece en Anzio en 1917 [5].

En la extraordinaria pintura que aquí se estudia, Gallegos ofrece claras muestras de su virtuosismo como pintor, capturando fielmente el ambiente sacro y de concentración propio de una biblioteca monástica. Este tema fue frecuente en el corpus del pintor, como podemos observar  en diferentes publicaciones de la época –como La Ilustración Artística (Figs. 1 y 2)–; permitiéndole recrearse en los diferentes detalles y texturas de cada elemento de la escena.

[1] SÁNCHEZ TRIGUEROS, J.A..: Concha Barrios y la pintura española del S.XIX. Diez años de exposiciones: 1978-1988, Galería Concha Barrios, Madrid, 1988.
2 Ver: Diario oficial de avisos de Madrid, no 165 del 13 de junio de 1884, p.1.

[2] Ver: Diario oficial de avisos de Madrid, no 165 del 13 de junio de 1884, p.1.

[3] SÁNCHEZ TRIGUEROS, J.A..: Concha Barrios y la pintura española del S.XIX. Diez años de exposiciones: 1978- 1988, Galería Concha Barrios, Madrid, 1988.

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

Fig. 1: Versión en grabado de una obra de Gallegos muy similar a la aquí presentada
Fuente: La Ilustración Artística, No. 555 del 15 de August, de 1892, p. 520.

 

Fig. 2: Versión en grabado de una obra de Gallegos muy similar a la aquí presentada.
Fuente: La Ilustración Artística, No. 555 del 15 de August, de 1892, p. 521.