Escuela Hispano – Filipina

Manila (Filipinas). Pps. S. XIX

Pareja de Mestizos
Figuras articuladas, de madera tallada y policromada, ojos de vidrio e indumentaria original de tejido de piña.
Altura de las figuras: 36 cms.
Medidas de las butacas: 21 x 9 x 13 cms.

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Les presentamos a una curiosa pareja de figuras de principios del S.XIX que encarnan al típico matrimonio de mestizos del Manila de la época.

En Filipinas se consideraba “mestizo” a todo aquel que era descendiente de la mezcla entre españoles e  indígenas.

Cada figura se ha conseguido a través de un finísimo trabajo de talla y policromía de una madera tropical, propia del lugar.

Este virtusismo artesanal se completa al presentar, ambas figuras, articulaciones en hombros, codos, caderas y rodillas, lo que les otorga una grácil movilidad permitiendoles una gran variedad de posiciones.

A su gran realismo, contribuye que los ojos se han hecho de pasta vítrea y las pelucas, de cabello humano natural.

Además, es preciso destacar la atención prestada a las dos butacas, de madera tallada y dorada, hechas a medida para cada una de las figuras.

Basta con observar la detallada pareja que aquí presentamos, para apreciar minuciosamente cómo eran los trajes típicos de la clase alta en el Manila de la primera mitad del S.XIX:

El colorido del teñido textil por patrones “ikkat”, muy típico de Manila, así como los delicados motivos bordados en la camisa (barag) del caballero, o en el pañuelo que la dama lleva sobre los hombros (alampay), cuya elaboración  también es exclusiva de Manila.

En Filipinas, los meztizos Se distinguían del resto de la población por su físico mediterráneo: nariz aguileña, cabello ondulado oscuro, tez cetrina… Pero también por sus buenos modales e indumentaria “a la europea”: observamos el sombrero de copa del caballero (que solían ser importados del “Viejo Continente”), sus sofisticados pantalones… aunque ellos se tomaban ciertas “licencias” debido al calor, como llevar su larga camisa por fuera. Además, era habitual que llevaran paraguas para proteger su piel del sol (Como se puede apreciar en los mestizos representados en el album de acuarelas “Costumbres de Manila” que pintó Justiniano Asunción en 1841, hoy en la Biblioteca Nacional de Nueva York. Fotos 1 y 2).

Foto 1

Las damas se enorgullecen tanto de su cabello negro azabache, que se lo recogían con preciosas peinetas y tocados (como se puede apreciar en nuestra mestiza). Ponían especial atención en su cuidado, aplicandose aceite de coco para garantizar su brillo y su buen crecimiento (era frecuente que el cabello de las damas suelto llegara hasta las rodillas, e incluso hasta los talones).

Además del cabello, el otro bien cotizado por las damas mestizas filipinas era su calzado. Sus preciosos zapatos solían ser muy pequeños, apenas suficientes para cubrir los dedos de los pies, y eran tan delicados en su fabricación que las damas tenían costumbre de descalzarse antes de cruzar un terreno fangoso y, sólo después de llegar a casa y haberse lavado los pies, se volvían a calzar.

Al contrario de los miriñaques que se llevaban en ese momento en Europa, las damas filipinas no eran partidarias de deformar su figura con “volumenes falsos”. En su lugar, apostaban por una mayor naturalidad llevando la “cabaya»,  que es la larga pieza de tonos morados que cubría las piernas. Como vemos en nuestra dama, la “ cabaya” se envolvía firmemente alrededor del cuerpo y se metía a la altura del torso, reforzándose con un alfiler  para evitar que se cayera.

Foto 2

Mención especial merecen las preciosas joyas, cuya proporción indica que seguramente fueran elaboradas expresamente para estas figuras (también cabe la posibilidad de que se eligieran entre los adornos personales de sus propietarios originales): los dos crucifijos de oro, los pendientes del mismo noble material y la peineta (en oro y carey), todo ello trabajado con una delizadeza extraordinaria.

Además, los colgantes católicos hacen una clara alusión a la estrecha relación que, desde el S.XVII, los mestizos tuvieron con la labor misionera de la Iglesia para evangelizar a la población indígena.

Dado que eran los únicos que podían dominar el castellano y el chino, fueron muy partícipes en la traducción de las Sagradas Escrituras y en la evangelización de los sangleyes (población china en Filipinas).

Con ese fin, existen reales decretos, desde los primeros años de la colonización, que desde España promovían la organización de fundaciones con el fin de recoger a todos los niños mestizos huérfanos, asistirles y educarles para su futura integración en la sociedad.

Respecto a la curiosa apariencia de la pareja de figuras que aquí presentamos, cabe mencionar que desde comienzos del S.XIX se desarrolló un fuerte interés por  las “muñecas de tipos del país” o costumbristas,  destinadas a un público claramente adulto, interesado por el exotismo que demandaba el Romanticismo y los progresivos movimientos nacionalistas que se dieron la Europa del momento.

En conclusión,  gracias a  la notable calidad de la talla y de la policromía de nuestras figuras, así como al  gran valor de sus tejidos y complementos, podemos afirmar que estas “muñecas” nunca fueron concebidas como el juguete de un niño; sino como fieles testigos de su época.  Un conjunto de gran rareza y de rigurosísimo valor documental que habla detalladamente de las costumbres y hábitos propios del mestizo.

Un documento histórico sin precedentes de las relaciones entre España y Filipinas, que habla fielmente de nuestro pasado común.

BIBLIOGRAFÍA:

GARCÍA- ABÁSOLO, Antonio.  Mestizos en un país sin mestizaje. Mestizos españoles en Filipinas en la época Colonial. Ed. Universidad de Córdoba, 2014.